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Cuando vas a Verona en junio, en la avenida que lleva a su famoso circo, los tilos están en plena floración. El agradable y tranquilizante aroma impregna toda la zona, por encima de las emisiones de los autos y otros vehículos, y la asociación de tilos con Verona es imborrable.

En esta época, inicios de mayor, Valencia tiene sus paraísos en flor, otra asociación imborrable y que merece hacer desvíos en la ruta de la caminata para poder disfrutarlos. Al igual que las flores de los tilos, también las de los paraísos son muy discretas; no tanto, quizás. La floración de los primeros rebaja el intenso color verde de sus hojas y el conjunto es una copa de un verde más pálido. En el caso de los paraísos, sus florecitas son blancas y lilas y los ejemplares florecidos parecen canosos, teñidos de blanco.

El paraíso, Melia azedarach, es de origen asiático; Wikipedia explica que la zona a partir de donde se difundió son los pie de los Himalayas, donde crece hasta los 3000 metros sobre el nivel del mar. En el siglo XIX empezó a usarse como ornamental en Sudáfrica y América.

Las flores se organizan en panículas y los frutos, drupas amarillas, “tomatitos”-semejan pequeños tomates cherry- son muy ornamentales. Pueden causar algún que otro resbalón en la calle, pero la belleza del árbol en todos sus estadios durante el año, así como la fragancia que regalan sus flores durante casi un mes, compensan con creces cualquier inconveniente.

Los convecinos de las ciudades donde sus jardineros han tenido el buen gusto de regalarlas con esta especie…, pueden sentirse muy afortunados. Es relativamente frecuente ver en Valencia algún que otro extranjero, en esta época, levantando la cabeza para ver de dónde sale el exquisito aroma que los impregna.

Imagen pequeña, Mercado Libre México