La sidra de manzana es una bebida tradicional en muchas zonas, con propiedades digestivas, que en España cuenta con una DOP que regula las variedades que se utilizan para su elaboración

 

Su propio nombre hace ya referencia a su capacidad embriagadora…, aunque no mucho mayor que la de la cerveza. La sidra se hace fermentando manzanas o peras, una práctica común donde tradicionalmente crecían estos frutales. La palabra, de origen latino, fue adoptada con pocas variantes, como “cidre” para los franceses o “cider” para los británicos. En Alemania, le llaman vino de manzana, Apfelwein.

Los grados alcohólicos no suelen superar el 8%.

En España la sidra se elabora en Asturias desde al menos el año 900; hay un documento de compraventa del año 904 en que se la menciona.

En el comercio existe la sidra gasificada, pero la tradición en España es la sidra sin gasificar, y con un vistoso procedimiento para escanciarla que requiere una buena práctica… y con el que se logra que mucha superficie de líquido contacte con el aire. Aunque en Villaviciosa, la capital de la manzana, se produce también sidra con sobrepresión.

En esta localidad está situada la estación de investigación del SERIDA, Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agrario, cuyo nombre, cuando se creó en 1956 era el más explicativo Estación Pomológica de Villaviciosa. En ella se investiga el manzano para sidra, así como los derivados como el vinagre de sidra, estrechamente relacionado y muy apreciado en gastronomía.

La sidra cuenta con una Denominación de Origen Protegido, “Sidra d´Asturies”. En esta región existen unas 200 variedades de manzanas; 76 de ellas están reconocidas para la elaboración de la DOP “Sidra d’Asturies”; abarca tanto variedades de piel roja, amarilla y verde. La imagen muestra seis variedades de las que se puede fabricar sidra que pueda acogerse a esta marca de calidad.

La web de la DOP explica que las variedades se dividen en una serie de grupos dependiendo de la función de la acidez y la concentración en compuestos fenólicos.


Placer y nutrición

La sidra tiene diferentes propiedades como son antioxidantes, que, al igual que en el vino, se asocian a efectos beneficiosos en las enfermedades cardiovasculares y enfermedades coronarias. A estos efectos también contribuyen las pectinas. La web de cocina asturiana La Madreña destaca que la sidra es capaz de bajar los niveles de colesterol malo (LDL) y aumentar los del bueno (HDL).

La misma fuente indica que el contenido de la sidra en sustancias nutricionales incluye:
Vitaminas: aporta vitamina C, vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B6 y B7), vitamina E y vitamina K.

Minerales: aporta potasio, zinc, magnesio, fósforo y sodio.

Otros nutrientes: antioxidantes naturales, que ayudan a reducir los efectos tan negativos de los radicales libres. También aporta polifenoles y sustancias péptidas.

Las manzanas contienen enzimas digestivas y así también la sidra, lo que facilita la digestión y ayuda a regular los intestinos.