Las etiquetas de funcionales suponen casi la cuarta parte de las ventas de alimentos

 

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Los alimentos funcionales suponen casi la cuarta parte de las ventas de los productos alimentarios en España, pero no todos son tan necesarios o efectivos como parecen

Un alimento funcional es «aquel que proporcione un beneficio para la salud superior al que aportan los nutrientes que contenga», según la definición de la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Según datos de AINIA en 2015 los alimentos con alegaciones funcionales supusieron casi una cuarta parte de las ventas de productos alimenticios (un 23.4%).

Un artículo de Gemma del Caño, publicado por Eroski Consumer, tiene el explícito título de «Alimentos funcionales: unos «funcionan» y otros no«.

Si bien en algunas circunstancias concretas, enriquecer un alimento supuso una mejora real para la población, como es el caso de la sal yodada, especialmente en sitios alejados del mar, las evidencias de mejoras reales son bastante menos claras en general.

El primer interés por los alimentos funcionales partió de Japón en los años 30 y a Europa llegó a partir de los años 90. La industria alimentaria fue por delante del marco normativo y durante años se hicieron alegaciones nutricionales que hoy no se permitirán, explica la autora, pero que han «calado» en la población.

Incluye una serie de precauciones a tener en cuenta, la penúltima de las cuales aboga por un aumento del consumo de frutas y hortalizas. La autora lo hace en referencia a la explicación de que los productos enriquecidos con fitoesteroles efectivamente bloquean la absorción del colesterol (es lo que hacen el Danacol y el Benecol), pero también pueden afectar la absorción de vitaminas liposolubles según dosis.

A continuación las precauciones en relación algunos alimentos alimentos funcionales:
– No se pueden tomar en todos los casos. Igual que con un medicamento farmacéutico, hay que tener en cuenta sus indicaciones.

No funcionan “para prevenir”. No impiden que aumente el colesterol, así que no sirve de nada que se tomen si la persona no tiene valores fuera de los márgenes.

No se pueden usar en niños, ni en mujeres embarazadas o que estén en periodo de lactancia. Los esteroles (colesterol vegetal) que poseen compiten con el colesterol animal (esencial para la construcción de hormonas de crecimiento) y este perdería absorción, por lo que se reducirían los niveles de colesterol en sangre.

– No se recomienda tomar más de 3 gramos al día (a partir de esa cantidad, no reduce el colesterol).

– Su efecto, por sí mismo, no va a evitar altos niveles de colesterol, si no se complementa con una dieta equilibrada.

– Al mismo tiempo, es necesario aumentar la ingesta de frutas y verduras, porque eliminan el colesterol, pero también afectan a otros nutrientes. Por ejemplo, cuando los esteroles se toman en dosis altas, interfieren con la absorción de las vitaminas liposolubles, principalmente con los carotenos.

– Deben tomarse con conocimiento del médico por si tienen contraindicaciones al mezclarse con otros fármacos con el mismo objetivo.»

El artículo, accesible al final de esta «new», trata sobre la lentitud de normativa, que muchas veces va por detrás de la ciencia; ejemplo de ello es la inexistencia de evidencia científica sobre las bondades de los alimentos enriquecidos con omega 3 o con colágeno.

La necesidad de estos alimentos puede justificarse en algunos casos muy concretos, como es el caso de la leche sin lactosa para quienes tienen intolerancia a este azúcar (aquí el cuestionamiento sería si realmente hace falta la leche…; son muchos los alimentos capaces de proporcionar el calcio que justifica el consumo de leche en adultos).

La lógica indica que con una buena alimentación, variada, en personas sanas, el cuerpo tendrá a disposición todos los nutrientes que necesite. El boom de los alimentos procesados es producto del último siglo y de las últimas décadas el enriquecerlos para dotarlos de una «calidad» que favorezca su promoción. Frutas y hortalizas han acompañado al hombre desde siempre, aportando nutrientes de calidad. Ahora que su salubridad es máxima y que sabemos lo buenas que son, ¡a por ellas!

Alimentos funcionales: unos ‘funcionan’ y otros no.

La imagen es de Prokey, Alimentos Funcionales: ¿Qué son? Propiedades, Beneficios y Contraindicaciones

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