Los destinos gastronómicos se reinventan

El turismo gastronómico es una inmersión cultural profunda, clave para preservar el patrimonio, la identidad local y la sostenibilidad

 

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El turismo gastronómico es una inmersión cultural profunda, clave para preservar el patrimonio, la identidad local y la sostenibilidad, impulsando la producción de kilómetro cero. Actúa como motor económico, diversificando ingresos, desestacionalizando el turismo y fomentando el desarrollo rural al apoyar toda la cadena de valor alimentaria. Los destinos se reinventan con estrategias innovadoras, incentivando la calidad y la formación.

Las experiencias que ofrece el turismo gastronómico van desde catas de vinos, aceites, quesos y cervezas, hasta talleres de cocina y visitas a mercados y productores locales. También incluye rutas gastronómicas temáticas, participación en eventos y ferias culinarias, cenas con chefs y experiencias pop-up, así como agroturismo y enoturismo, conectando al visitante con la cultura y el territorio de manera inmersiva.

«El turismo gastronómico es una vía para preservar el patrimonio cultural intangible, poner en valor el patrimonio cultural y promover la identidad local.
En un turismo proyectado con estos valores  los más listos crean marcas como vectores de promoción a la caza de visitantes y desarrollo económico.»

En noviembre, informa la AGENDA Poscosecha, se celebrará en Barcelona un I Congreso Internacional en Turismo Gastronómico es un evento internacional e interuniversitario concebido como espacio de reflexión sobre la relación entre turismo y gastronomía. El turismo gastronómico es mucho más que simplemente comer en un destino; es una inmersión profunda en la cultura, las tradiciones y los sabores de una región. Su importancia y las experiencias que aporta son multifacéticas y altamente beneficiosas, cuentan los organizadores del congreso.

El turismo gastronómico es una vía para preservar el patrimonio cultural intangible, poner en valor el patrimonio cultural y promover la identidad local, fortaleciendo la identidad local, un tipo de memoria histórica con el lugar y impulsando una agroalimentación local.

La gastronomía es una expresión intrínseca de la identidad cultural de una región. El turismo gastronómico pone en valor recetas tradicionales, técnicas culinarias ancestrales y productos autóctonos: En un turismo proyectado con estos valores  los más listos crean marcas como vectores de promoción a la caza de visitantes y desarrollo económico.

A una acción de globalización en el comercio ha aparecido una reacción de “tradición” en la gastronomía, con cocinas locales poco conocidas y  consideradas internacionalmente. El éxito de Italia en todas partes es un ejemplo muy citado. El GDI de Zurich, y Mario Cañizal en Barcelona en sus charlas sobre foodservice desarrollan la doctrina del “food nation” para destacar aquellas zonas geográficas o territorios -grandes o pequeños- que verdaderamente defienden y preservan las raíces de una cocina con etiqueta de popular y auténtica.

Casi todos precisamos generar nuevas actividades económicas. En muchas partes interesa atraer turistas con un interés específico, generando ingresos directos en restaurantes, mercados, productores locales, bodegas y tiendas de productos típicos. En España el reto es atraer a los turistas de fuera de la temporada de sol y playa.

Los destinos gastronómicos se reinventan con estrategias creativas para destacar en el panorama internacional. Para ello puede ser útil el impacto de los reconocimientos oficiales (capitales y regiones gastronómicas); estrategias de marketing tradicionales y digitales; el poder del storytelling a través del cine, la ficción y las experiencias inmersivas. En general las experiencias gastronómicas de calidad incentivan a mucha gente. Demarcaciones cercanas a Girona en Cataluña son un ejemplo de ello.

El turismo gastronómico va más allá de sentarse a la mesa de un restaurante. Ofrece una variedad de experiencias inmersivas que conectan al visitante con la cultura y el territorio: degustaciones y catas de aceite, vinos y cava, quesos y embutidos o las cervezas artesanales tan de moda ahora.

En pueblos y ciudades interesan las clases de cocina. Es una oportunidad para aprender las recetas de los platos típicos de las regiones. pueden pensarse programas de visitas a mercados, productores, incluso a los huertos o lonjas de pescados. En los pueblos pueden crear itinerarios, la ruta de las tapas, del melocotón o la ruta del jamón o el fuet.

Las jornadas gastronómicas mezcladas con otros eventos también son oportunidades, como por ejemplo organizar cenas con Chefs Locales o Experiencias Pop-up, con chefs e ingredientes sorpresa. Con el turismo gastrónomico hay oportunidades para acercar a los urbanitas al mundo rural.

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