Por Andrew Jacobs, New York Times News Service
La lucha de la legislación chilena contra la comida basura se está exportando a otros países aunque queda mucho por hacer.

Según algunos nutricionistas, estas medidas pueden traspasar las fronteras chilenas y cambiar la tendencia a la obesidad global que hasta ahora es la causante de 4 millones de muertes prematuras al año.
El director del Centro Charles Perkins Stephen Simpson, expone que “Es difícil exagerar lo significativas que son las acciones de Chile, o lo difícil que ha sido llegar a este punto al enfrentarse a las presiones típicas” de hecho las industrias multimillonarias de alimentos y refrescos ejercieron esas presiones con éxito en otros países para frenar las regulaciones de este tipo.

Nuevas etiquetas
El etiquetado debe de informar claramente al consumidor si el producto tiene alto contenido calórico o de grasas saturadas, azúcares o sales.
Estas medidas no han sido aceptadas por igual, el director de Chilealimentos, Felipe Lara, dijo que “las etiquetas nutricionales son confusas e invasivas. Las restricciones en la publicidad están basadas en una correlación de falencias científicas entre la promoción de comidas poco saludables y un aumento de peso. Creemos que la mejor manera de atender el problema de la obesidad es por medio de una educación de los consumidores para que cambien los hábitos alimenticios”. A su vez, alguna marcas importantes han acudido a los tribunales con el argumento de que “las regulaciones contravienen temas de propiedad intelectual”…

Si bien, hace unas décadas la malnutrición era síntoma de familias con escasos recursos hoy, según el Ministerio de Salud Chileno, tres cuartos de su población sufre sobrepeso u obesidad.
Los costos médicos derivados de la obesidad alcanzaron el 2,4% del gasto total de la salud pública chilena y si la situación no revierte en el 2040 puede llegar al 4%. Estas cifras empujaron a una coalición de funcionarios electos, científicos y activistas en materia de salud pública hacia una dura oposición contra la industria alimentaria.
“Fue un combate de guerrilla difícil de ganar”, dijo el senador Guido Girardi, vicepresidente del senado chileno, presidente de la Comisión de Salud en esa cámara y un doctor que propuso originalmente las medidas de etiquetado en 2007. “La gente tiene el derecho a saber que estas empresas de alimentos están sacando esta basura y, con esta legislación, creo que Chile ha hecho una contribución inmensa a la humanidad”.
Muchos productos publicitados como saludables, naturales o fortificados con vitaminas y minerales, ahora tienen uno o más de los “sellos negros”, por ejemplo, algunas salsas tienen los cuatro tipos de advertencias: alto contenido calórico, de azúcar, de sal y en grasas.
Fuente: Andrew Jacobs, New York Times News Service ‘La pelea de Chile contra la comida chatarra‘
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