Cómo los pequeños cambios en nuestra dieta pueden beneficiar al planeta

Beatriz Riverón,
Bioquímico farmacéutica

 

INFORMACIÓN
La agricultura es una gran pieza del rompecabezas climático, y ésta, la alimentación y la dieta, están estrechamente vinculadas.

Para reducir los impactos negativos de la producción y el consumo de alimentos en el planeta y en el organismo, los investigadores primero evaluaron los daños relacionados con los alimentos. Durante las últimas décadas, los científicos han desarrollado formas de realizar análisis para productos específicos, por ejemplo, una cabeza de brócoli o una caja de copos de maíz, teniendo en cuenta cada paso, desde la huerta hasta el almacenamiento, e interpretan su impacto ambiental, como una estimación de las emisiones de gases de efecto invernadero o el volumen de agua que requiere su producción.

Al mismo tiempo, epidemiólogos y científicos de salud pública examinaron cuidadosamente los vínculos entre la dieta y la salud, revelando cómo diferentes alimentos pueden influir en el riesgo de enfermedades, la salud general o la esperanza de vida. Y se ha vuelto cada vez más obvio que lo que comemos está estrechamente relacionado con la salud de las personas y con la salud planetaria. Lo primero ya lo intuyó Hipócrates y lo resumió en su conocida frase «Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina», y la vinculación de la alimentación con la salud del planeta es un concepto más reciente.

La demanda mundial de carne vacuna, por ejemplo, ha aumentado nuevos cultivos de forrajes, lo que acelera la pérdida de bosques absorbentes y biodiversidades.

Se ha cuantificado la carga para la salud de las opciones dietéticas, como comer demasiada carne procesada o muy pocos cereales integrales y se han convertido estos riesgos dietéticos en una estimación de años de vida que puede ganar o perder una persona al cambiar sus hábitos alimentarios, detallando los beneficios de algunos alimentos y los impactos dañinos de otros. Comer mucha carne roja y alimentos altamente procesados con alto contenido de azúcar están asociados con una mayor incidencia de muchas enfermedades, por ejemplo, la diabetes y las enfermedades cardíacas, mientras que sustituirlos por verduras y frutas ayuda a reducir el riesgo de estas dolencias. Estos análisis son relevantes para toda la población.

Se evaluaron los efectos ambientales de muchos alimentos, desde los efectos en los sistemas de agua circundantes hasta los minerales raros presentes en los envases hasta la contaminación del aire local causada por la producción. Por ejemplo, se calculó que una porción de estofado de carne, tiene el costo de carbono de conducir un automóvil alrededor de 16 kilómetros.

También existen grandes implicaciones con el uso del agua. Alimentos como las nueces y varias frutas que tienen importantes beneficios para la salud, se cultivan en lugares con escasez de agua.

No hay sustituto para la comida, pero es posible cambiar o variar lo que comemos. Si todos en el planeta fueran veganos, las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema alimentario podrían reducirse a más de la mitad; un planeta de vegetarianos las reduciría en un 44%. Si dejáramos de comer «comida» como la conocemos, podríamos evitar alrededor de 1 grado Celsius de calentamiento futuro.

El hecho de que el «sambenito» se lo lleven las proteínas no es intencionado ni banal…; es que los animales y sus subproductos están en un segundo nivel respecto a los vegetales en la cadena trófica y en cada paso las ineficiencias son enormes.

Solamente por poner como ejemplo el consumo de agua, una información del gobierno español, invitando a consumir menos carne, mencionaba 15.000 litros de agua para producir 1 kg.

Aunque la cifra anterior ha sido cuestionada por representantes del sector ganadero, y aceptando que pueda sea excesiva, … hay que saber que toda la producción de una hectárea de cítricos o de aguacates, … necesita unos 6.000 a 9.000 litros de agua y, en esa superficie, se producen, aproximadamente, al menos, 35.000 kg de naranjas o de aguacates… sin generar metano y fijando anhídrido carbónico. Haciendo el cálculo suponiendo un consumo de 7.500 litros de agua, da que con el agua necesaria para obtener 1 kg de carne, tendríamos 105 kg de naranjas. Es decir, la cantidad que comen 6 españoles en un año (según cifras de Statista de 2020, el consumo per cápita está en 17,36 kg).

Claro que, las elecciones de alimentos son personales y están profundamente conectadas con la cultura, la religión, las emociones, los problemas económicos y más. Este enfoque tiene como objetivo informar a las personas para que logren tomar decisiones alineadas con sus necesidades y valores.

Juntas, estas opciones pueden beneficiar la salud humana y el planeta. Para que eso suceda, será necesario trabajar en conjunto con esfuerzos a gran escala para remodelar la producción industrial de alimentos.

Los pequeños cambios pueden tener grandes impactos.

Fuentes
NationalGeographic.com/environment  Acceso el 30/12/2021
El Gobierno recomienda reducir el consumo de carne: «Cada kilo requiere 15.000 litros de agua»  EuropaPress.es
Consumo de naranjas en España. Es.Statista.com

Imagen: Valeshop.com.br Acceso el 05/01/2022.

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